Dios se sentía apenado, tan solo, sin tener con quien comentar la marcha del universo, y se dio a la tarea de crear otro Dios a su imagen y semejanza, pero eso también sería aburrido, alguien que le daría la razón en todo, o peor, saber siempre lo que el otro está pensando.
“Yo lo que necesito es alguien que sea distinto, que me confronte, si hace falta y que me quiera como a un igual”, pensó, “entonces lo que yo estoy buscando es, es… un nuevo Lucifer, pero tampoco, es solo un rebelde, un ímpetu motorizado por el afán de verme obnubilado, triste y derrotado, nó, lo que yo necesito es un amigo o una amiga.”
Y se dio a crear un amigo, tarea divina si la hay, y en eso, pensó, que tenía que aprender de las criaturas de la tierra. De la amistad, Dios nunca se había referido en sus mensajes cifrados a Moisés y otros enviados. Lo cautivó, eso del amor y realmente fue algo tan misterioso, que no encontró la forma de crear semejante criatura. Desistió y quedo a la espera de alguna ocurrencia que lo sacara del atajo.
Technorati Tags: relatos

