fuente de la imagen: http://es.geocities.com/r_tintachina_ii/hbrioso2.htm
Dedicado a mi amigo y novelista Raúl Silanes
Se dice que la novela es el ejercicio de la mentira descarada para
llegar a la verdad, todos debieran poder ejercitar la novela, como un
ejercicio de autoconocimiento, porqué de tanto mentir, se produce un
salto cualitativo y llegamos a la verdad, a la simple verdad, no a
saber el origen del universo, si hubo tal cosa, o si Jesús estuvo en
Jerusalen, para ello basta la serie televisiva de los sesenta, El tunel
del tiempo.
Las novelas trabajan mucho con las reiteraciones, los ciclos, las
eternas recurrencias, los remolinos que no te dejan salir aunque remes
y remes. Todos estamos navegando al borde de un remolino que tiene un
ojo negro, parecido a los agujeros negros o al mismo averno, y toda
nuestra vida es remar y remar para no caer, en él, aunque finalmente
y ya sin resistencia, nos arrastre, nos lleve y nos perdamos en el
gran torbellino.
Pero debiéramos salir del remolino y disfrutar de los años que como especie humana tenemos derecho a usar, lamentablemente nos trabamos con las eternas recurrencias, reiteraciones que solo cambian los escenarios aunque siempre se dan los mismos desenlaces; como una novela de episodios que no llega a cuajar como novela, como lo que iba siendo el Quijote, episodios trágicos y divertidos de dos frikis en la edad del tráfico de oro y plata, hasta que en una parte de la novela, el autor, va convirtiendo la mentira de la novela en alguna verdad; ustedes ya saben, el que ha llegado a esa parte de la novela, conoce de lo que estoy hablando y es en ese momento y no cuando la novela arranca, que nace la novela en Occidente. Debiéramos conocer cuándo, Miguel escribió ese capítulo y declararlo el día mundial de la novela.