Ecce Homo

pens
Me llamo Raúl Lilloy, escribo desde que tenía razón y aún cuando no la tenía. Una prehistoria se remonta a mis doce años cuando escribí una horripilante novela de aventura, de la que no quedan ni sus sombras.
Desde los doce, pasaron muchas cosas: padecí un liceo militar, creyendo que era como en la serie Combate, expulsado por días de arrestos e ineptitud militar, encallé en dos colegios secundarios, uno el Icei y el otro el emblemático Colegio Nacional Agustín Alvarez, desde allí, sin prisa pero sin tregua, me arroje por la liana del hatha yoga de la GFU a la teosofía y luego al Siloísmo, donde perturbe a los perturbado y me hice grande de tanto autoobservarme, para en una noche convertirme al marxismo-leninismo, y caminar con ese ropaje por las madrugadas de la calle San Martín de Mendoza, los movimientos fueron yendo y viniendo pasando por una y otra tendencia, hasta que un golpe del malevo Videla, llevó al garete todos los sueños de la revolución, la sangre llegó a todos los hogares y la hipocrecía fue la forma de subsistir, en un exilió que duró ocho años.
Volvímos a la universidad, nos graduamos, investigamos, nos hicimos funcionarios y escribimos una novela, y con tanto impulso llegamos a España, al sur, donde nació madre; allí con la esperanza de escribir y acunar una familia, lo encuentra, ya destemplado, ya con una familia a medio criar, un 12 de diciembre de 2008, a cuatro días de la Inmaculada Concepción

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